miércoles 11 de enero de 2012

La muerte de Ophelia

















La muerte de Ophelia



El arco de la muerte nítido en su paso
El sol reposando el agua ante lo inmaculado
Toda la vida hilando la exactitud
Entrando al fuego de las aguas
Toda posibilidad de haber crecido no obstante sombra dormida
La muerte acogida en el arroyo serenada
Toda explosión en aguas consumadas su sustancia abierta
Las aguas en su discurrir avizoran memorias perplejas
Las aguas trazan las diferencias la humareda como mudanza
Solo en la vida solo ante el llamamiento del sol
El estupor parpadeante entra al agua negra
Toda serenidad muerta en los dioses de lo posible
El aleteo grave descansa en la fuente de lo cíclico
Toda la belleza ante la muerte
Toda la belleza ante un hecho contundente del sol
El gran triunfo de la muerte tras la reticencia de la vida
Todas las flores del error realizadas e inmortales
Todos los dones en la memoria puntual de la tumba
Los llamados no consolados haciendo las selvas
La fuente dormida constataba que todo latía vida
Los ojos extremados mirando los soles el mar temblando
El espíritu en las manos el hecho artístico llegando
La muerte tan llena de extensión en el umbral negro de la voluntad
La muerte que todo lo agota al mar inolvidable
La perplejidad con flores adornada intenta volar
La muerte yacía en su escombro líquido
El agua entre el vacío y su cautivo que halaba un término
Flores de la reserva visible que el fuego ardía
Sueño que se cifra soberano ante todo lo acostumbrado
El mirar minúsculo canta al llamamiento del sol
El destello envuelto siempre al futuro
Toda muerte única unidad antes del enigma y la imaginación
Un hecho niño que supone devolver la vida de las sombras
Los poderes en lo que se supone la muerte esconde
El sol iniciático frente a la invisibilidad de un reposo del pensamiento
El agotamiento impensable en el agua que flores discurría
Tal fragilidad a la corriente detenida un hecho pensante
La muerte sumergida llena de cambios
Navegante vivo de las edades no expuestas ante el arroyo de lo prohibido
El fuego de la muerte lo sembrado parpadeante no consumido
El sol suspendido en el espacio vacilante duerme su mitad
El dolor reposante en la mejilla como un templo
La soledad ante la muerte aspirante al tiempo del sol
La tranquilidad la fuente parecía que dormía
Un amorío un extrañamiento es encallado en una orilla
Los decires ignotos sincronizados contra el mar de la imaginación
Como los arroyos ante el dado de la muerte



*La muerte de Ophelia de John Everett Millais.