martes, 29 de octubre de 2013

La poesía está desprovista de todo acto negativo

La poesía está desprovista de todo acto negativo. Ella no habla nunca de lo que el hombre no puede hacer. El poeta debe ser aquel elemento neutro que recoge o sistematiza el imposible dado. Y ya sea en estancia cerrada o abierta, en la cadencia o en la profundidad, su corriente se disimula acabada. De la vida que reclama en su retorno. Sin forma es la materia eterna. Su no conocer. Y no importa cuantos de siglos pasen, en ella ya se habrá dado todas las respuestas. Como adelantado en el estrato humano. Avanzar por buscar lo gélido. Sobre los segundos, los días, años y siglos se levantan los cielos que vemos desde un punto diferente de la vida y de la muerte. Es un abismo lo que esperamos abrazados (4). Es lo que jungla San Juan de la Cruz, cuando leemos sus poemas nos evidenciamos cúmulos del infinito esperando la retrocesión de Dios. Todos partimos de él. Todos nos devolvemos a él. Creyentes o no. Heterodoxos u ortodoxos. Galantes o impíos. Escalar línea oscura del punto. Cuando la vida grita delicada sobre todo el conocimiento. (4)Esta imagen me recuerda a la desolación que se estanca en Héctor y Andrómaca (1917) de Giorgio de Chirico. La misma que está dada por nuestro conocimiento de lo que le sucede a ellos y a Troya. La destrucción, hoy, es un hecho más que romántico. Parece lo más verdadero. Hay un culto fuerte hacia los edificios más altos, hacia las máquinas, que aplastan la masa social.